La promesa del Nuevo Pacto en su contexto original
A continuación se presenta una interpretación verso por verso del texto.
Israel y Judá: los receptores del pacto (v. 31)
31 »Vienen días»,
afirma el SEÑOR,
«en que haré un nuevo pacto
con Israel y con Judá.
El texto comienza con la promesa de un Nuevo Pacto. La primera afirmación es enfática en que los receptores originales de la promesa del Nuevo Pacto son Israel y Judá. No es un asunto de antiguo para Israel y nuevo para los cristianos, el cambio se da entre los judíos antes de los acontecimientos del 587 a.C. y aquellos que fueron transformados por el exilio (Brueggemann 1998, 292). Y esta promesa está totalmente basada en el deseo de Dios, no se señala ninguna acción de parte de pueblo que haya propiciado la voluntad de Jehová.
La causa: El pacto fallido (v. 32)
32 No será un pacto
como el que hice con sus antepasados
el día en que los tomé de la mano
y los saqué de Egipto,
ya que ellos lo quebrantaron
a pesar de que yo era su esposo»,
afirma el SEÑOR.
El texto continúa señalando la incapacidad que ha tenido el pueblo de Israel para obedecer el pacto que recibió al salir de Egipto. Todo el libro de Jeremías señala una y otra vez que la relación entre Dios y su pueblo no está funcionando. En 11:7–8 señala: «una y otra vez he advertido: “Obedézcanme”. Pero no obedecieron ni prestaron atención, sino que siguieron la terquedad de su malvado corazón». Su malvado corazón les está impidiendo obedecer el pacto actual, Israel necesita un nuevo pacto y un nuevo corazón.
La solución: la ley en la mente y corazón (v. 33)
33 «Este es el pacto que después de aquel tiempo
haré con el pueblo de Israel», afirma el SEÑOR.
«Pondré mi Ley en su mente
y la escribiré en su corazón.
Yo seré su Dios
y ellos serán mi pueblo.
A partir del v.33 se describen los términos de este nuevo pacto. En primer lugar, Dios pondrá su Ley en su mente y corazón. El problema del pacto del Sinaí es que el corazón del pueblo resistía la Ley de Jehová. En el Nuevo Pacto, la Ley no será resistida porque está en sus corazónes. Los mandamientos dejan de ser una regla externa, y se convierten en parte de la naturaleza del pueblo de Dios. Obedecer se vuelve la forma natural de vivir.
Una pregunta que surge es ¿cuál es exactamente la Ley que Dios escribe en sus corazónes? Para Brueggemann, esta Ley representa los mismos mandamientos que Israel recibió en el Sinaí (1998, 293). Goldingay ofrece una visión más dinámica, señalando que la Toráh nunca ha sido una referencia fija sino que cambia de acuerdo a las circunstancias y el contexto presentes (2021, 654).
La respuesta: todos conocerán al Señor (v. 34a)
34 Ya nadie tendrá que enseñar a su prójimo;
tampoco dirá nadie a su hermano: “¡Conoce al SEÑOR!”,
porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande,
me conocerán»,
afirma el SEÑOR.
Como consecuencia, Israel experimentará plenamente lo que es ser pueblo de Dios, lo cual implica que todos «conocerán al Señor». Existen diferentes interpretaciones sobre qué significa «conocer al Señor» en este contexto:
Para Fischer, es que la enseñanza religiosa se vuelve superflua, pues Dios mismo se vuelve maestro de todos (1996, 219). Sin embargo, no señala cómo sucede esto y no hay alguna otra referencia en el libro de Jeremías que lo fundamente.
Para Hans Walter Wolff, denota la capacidad de recitar la tradición e historia salvífica (Brueggemann 1998, 293).
Brueggemann añade que «conocer a Jehová» significa afirmarlo como Señor soberano y estar listo para obedecer sus mandamientos, tal como sugiere Jer. 22:15–17 (1998, 294).
Goldingay lo define como vivir en reconocimiento de quién es Jehová y lo que espera de su pueblo, como se dice de Josías en 22:15–16 (Goldingay 2021, 654–655).
Estas definiciones no son excluyentes entre sí, sino que amplían el significado de «conocer al Señor». Este es un pueblo que, por obra de Dios, abraza su memoria como pueblo rescatado por Dios y responde en obediencia y sumisión.
La base legal: el perdón de los pecados (v. 34b)
«Porque yo perdonaré su iniquidad
y nunca más me acordaré de sus pecados».
El Nuevo Pacto solo es posible porque Jehová ha perdonado la iniquidad y pecado de su pueblo. La implicación puede ser que la destrucción de Jerualén y el exilio han sido suficiente castigo por su infidelidad (Goldingay 2021, 655), o que Dios decidió terminar con el ciclo sin fin de castigo y recompensa al que se ha enfrentado Israel y Judá, permitiendo así una nueva posibilidad (Brueggemann 1998, 294).
El Nuevo Pacto para la iglesia neotestamentaria
La promesa del Nuevo Pacto ha sido interpretado por muchos cristianos de manera supersesionista, como si el antiguo pacto perteneciera a los judíos y los cristianos los que reciben el nuevo. Este es un error que se promueve aun más cuando se considera como sinónimo el Nuevo Testamento y el Nuevo Pacto (Brueggemann 1998, 291–292). Como se ha presentado, es el pueblo de Israel y Judá los que reciben la promesa del Nuevo Pacto.
El hecho de que Israel y Judá sean los receptores del Nuevo Pacto no excluye a los cristianos del mismo. Esta promesa ha dejado la gracia de Dios abierta a todos aquellos que entran en pacto con Él (Brueggemann 1998, 295). La comunidad de Qumran hablaron sobre un «nuevo pacto» del cual se sentían parte, el autor de Hebreos ve a la iglesia como el pueblo del Nuevo Pacto. Ambos interpretaron que este pacto era una realidad abierta para sus comunidades (Goldingay 2021, 657–658).
Finalmente, este pacto, aunque abierto, no ha sido cumplido a su totalidad, pues incluso los cristianos luchan con seguir las instrucciones de Jehová tal como Israel y Judá lo hicieron. Por tanto, seguimos en la esperanza de que Dios completará sus promesas para su pueblo, el cual ahora nos incluye a nosotros.
Bibliografía
Brueggemann, Walter. 1998. A Commentary on Jeremiah: Exile and Homecoming. Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company.
Fischer, Georg. 1996. El libro de Jeremías. Traducido por Marciano Villanueva Salas. Guía Espiritual del Antiguo Testamento. Barcelona, España: Herder, Editorial S.A.
Goldingay, John. 2021. The Book of Jeremiah. The New International Commentary on the Old Testament. Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company.