Dios no quiso volvernos una sola cultura cristiana, sino que el cristianismo se exprese en todas las culturas.
Dios utiliza la diversidad cultural para poner «freno ante las tendencias imperialistas de toda cultura» (González 2020, 63). En lugar de buscar una cultura que domine a las demás, nos llama a encarnar el Evangelio en las diversas culturas.
Por muy pecaminosas que puedan parecernos las culturas en la que hemos sido llamados a desarrollar nuestra vida cristiana, «debemos juzgarlas al tiempo que las apreciamos; tenemos que dar testimonio dentro de ellas del poder redentor de Jesucristo, que es poder no sólo para cambiar vidas individuales, sino también para transformar las culturas» (González 2020, 92).
Parte de la obra del Espíritu Santo es «capacitar a los discípulos para compartir su poder con otras gentes, con gentes de otras lenguas y culturas» (González 2020, 67–68). Como el ejemplo del día de Pentecostés, podríamos decir que el Espíritu permite a las culturas entender el Evangelio en su propio idioma, por lo que, una iglesia guiada por el Espíritu sería aquella que lleva el Evangelio a la cultura, no que busca imponer su cultura en conjunto con el mensaje. Así como la iglesia primitiva tuvo que reflexionar para desvincular su deseo de imponer la cultura judía a los nuevos creyentes, nosotros somos invitados a llevar el mensaje, permitiendo que este se exprese de manera diversa de acuerdo con la cultura que lo recibe.
Es aquí donde podemos tomar la gran aportación de la teología práctica, la cual busca reflexionar en nuestra praxis ministerial. La praxis es «el movimiento continuo que va desde la experiencia a la reflexión y el estudio, y luego a las acciones y experiencias nuevas» (Martínez y Branson 2013, pos. 698). En lugar de buscar imponer una única forma de hacer las cosas —la «forma cristiana» dirían algunos—, busca responder a la cultura en la forma más adecuada para que el Evangelio se encarne en ella.
La teología práctica nos llama a reflexionar en nuestras prácticas dentro de la cultura en la que las estamos desarrollando. No podemos buscar prácticas universales como si aplicaran a todos los contextos. Así como el Espíritu habla en el idioma de cada cultura, también actúa de acuerdo a cada cultura. Somos llamados a ser guiados por el Espíritu de la misión para definir las prácticas correctas dentro del contexto al que hemos sido enviados.
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Cada iglesia será diferente de acuerdo a la cultura que está alcanzando por el poder del Evangelio. Predicamos al mismo Dios y el mismo mensaje, pero su expresión será distinta y bella en cada cultura que lo recibe.
Una iglesia de artistas en Los Ángeles será distinta a una iglesia de intelectuales en Londres, a una iglesia de agricultores en los campos de Honduras, a una iglesia de jóvenes en una universidad.
Pero en todas… el Espíritu es el mismo.
Bibliografía
González, Justo L. 2020. Culto, Cultura y Cultivo: Apuntes Teológicos en Torno a Las Culturas. Lima: Ediciones PUMA.
Martínez, Juan Francisco, y Mark Lau Branson. 2013. Iglesias, culturas y liderazgo: una teología práctica para congregaciones y etnias. Miami, FL: Editorial Vida. Kindle.